Thursday, March 20, 2008

La inflación del cholaje blanco-mestizo

la inflación -de la que tanto se llenan la boca el cholaje blanco mestizo y sus dizque periodistas- no tiene ni la más mínima aproximación real. La inflación es definida como la subida de precios GENERALIZADA de los productos. Es decir, si hubiese tal inflación, los celulares, por ejemplo, deberían de dispararse, en cuestión de precios. "Así nomás había sido", -como reza el parásito Llobet, en toda situación que puede-.

¡Qué terrible!, cómo nos mienten los Arandias, las Lemas, los Rosales, etc. Y el cholaje: el primero en quejarse de la "inflación". Como decía un economista, el año pasado: "Lo que hay en el país es una inflación de lenguas". Entonces, lo que en realidad hay es ESPECULACIÓN. Claro, como las empresas son de los Marincovik,de los Antelo, de los Monasterios, de los Nayar, de los Saavedra Bruno, etc., se pueden especular los productosque afectan al bolsillo del "ciudadano". Si no fuera especulación, cómo se explica que el precio del kg de pollo haya bajado de 14 a 9Bs?, y el del tomate, en Santa Cruz, haya bajado de 15 Bs el kg a 5?

Especulación es el ´´unico recurso del cholaje para impedir que se cumplan los compromisos internacionales y la ley, comopor ejemplo, el Convenio 169 de la O.I.T., garantizados en la nueva constitución.

No se trata de que luchen por el respeto a los derechos individuales y propiedad privada. En el trasfondo, les duele que un indio sea el mandatario de la republica, y que sus "hermanos" de sangre y colorse paseen -con sus "hediondas ojotas"- por los palacios de los poderes constitucionales.

Si algún día, hay inflación de verdad, sin que tenga que mediar la especulación del cholaje blanco mestizo, avísenme para irme a vivir a OTRO PAÍS.

Friday, October 12, 2007


REINAGUISMO Y EDUCACIÓN


IMPERATIVO CATEGÓRICO:


1) Hay que sacar de la cabeza de los hombres a la canalla filosófica, profética y carismática greco-cristiana.

2) Ser lo que se es: Cosmos. La conciencia del Cosmos.

3) Edificar la Comunidad Amáutica Mundial: el reino de la Verdad y la Libertad.
(Fausto Reinaga).


Por: Oswaldo A. Condemaita Lázaro



EDUCACIÓN

La educación, en la diversidad de ámbitos y contextos donde se desarrolla (Educación formal, alternativa, popular, especial, pedagogía, investigación científica, pedagogía nacional, valores indígenas, etc.), está vinculada a la transformación de las personas y de la sociedad; por tanto, de las actividades, conducta y conocimientos. En suma: del Pensamiento. Es así que, para educadores, intelectuales, científicos, políticos, economistas y filósofos, el eje transformador de la sociedad, de la ciencia y de los valores se encierra en la educación; por ello, los Estados Nacionales de todo el mundo priorizan el aspecto educativo. En Bolivia, de acuerdo a la Constitución Política del Estado, “La educación es la más alta función del Estado, y, en ejercicio de esta función, deberá fomentar la cultura del pueblo” (Constitución Política del Estado, Título cuarto, artículo 177), por tanto es prioridad en las políticas nacionales. Ésa es la importancia del rol educativo, que trasciende en el tiempo, por tanto, en la historia de los pueblos.

Y, ¿qué relación existe entre la educación y el pensamiento?

El pensamiento es fundamental en la vida del hombre, es lo que hace al hombre, es el motor de la vida del hombre. No es el alma o el espíritu lo que nos diferencia de los otros animales, es el pensamiento; el pensamiento que nos hace trastrocar en la conciencia de todo lo que conocemos. El pensamiento sobrepasa a la filosofía, está por encima de toda ideología y teoría. El pensamiento no se pierde en la nebulosa de la exégesis del inextricable “misterio del universo y sus orígenes”, que culmina –cuando la plantean neodarwinistas y positivistas-, inexorablemente, en la especulación; por el contrario, cuando conoce su realidad: ser conciencia del cosmos, busca la verdad científica, despojándose de la razón y el poder, asumiéndose como parte vital del Cosmos. Esta acción orienta a la ciencia y al conocimiento científico hacia la búsqueda de la Verdad y la Libertad, pero con la premisa de que no es el hombre quien crea al Cosmos, sino que es ese Cosmos quien crea al hombre. Este último, no es el centro del universo, ni mucho menos quien domina a la naturaleza; en oposición a esa concepción, el ser humano es visto como parte del Cosmos; es conciencia de él cuando es conciente de ese lugar, de esa función. El hombre solo posee su pensamiento, sin él es solo un animal inerme y destinado a perecer.

El pensamiento es el todo del hombre. No es el Ser, el Absoluto o la Razón; como la filosofía greco – cristiana – pagana ha ido construyendo en la mente de occidente y de su periferia. En palabras de Reinaga: “Aquí reside, de aquí procede la catastrófica equivocación de Occidente. De Sócrates a Sartre, Occidente ha inoculado en el cerebro y el corazón de los hombres, este concepto: el Ser, el Absoluto es el hombre…”
[1] En occidente solo hubo una revolución: la revolución socrática. En contraposición, como diría Reinaga, hay otra revolución del pensamiento, desde Bolivia: la Revolución Amáutica. Dicha revolución, como antípoda a la socrática, se sostiene sobre la base del Pensamiento Indio, hecho carne y hueso por el Reinaguismo, que es la lumbrera de la teoría Amáutica; es decir, de la revolución India.

En este sentido, el único medio, el único instrumento a través del que se puede sustituir un pensamiento por otro - a saber, el pensamiento Reinaguista por el Socrático- es la Educación. La educación es brazo derecho de la revolución del pensamiento, no existe otra forma, nada se compara al impacto educativo en el cerebro de las personas. Por ello, la educación es transformación, pero no es transformación per se, precisa del pensamiento, sin él se reduce a un proceso de enseñanza – aprendizaje, a un proceso docente – educativo, o a un proceso educativo que transforma la superficialidad del ser humano y que lo sume en una especie de razón totalizante. No es la educación antes que el pensamiento, es al revés. Aquí reside la relación entre pensamiento y educación. He ahí la verdadera importancia y único significado de la Educación.

¿Por qué es fundamental el pensamiento de Fausto Reinaga en la Educación?

Porque Reinaga, es único en el pensamiento del ser humano. Y ¿cuál es el argumento para esa afirmación? Pues el siguiente: Reinaguismo es la alteridad del pensamiento Socrático, es la contraposición del idealismo, del materialismo y la dialéctica y, porque, no existe un antecedente de su pensamiento en Occidente, menos aún en su periferia. En palabras del mismo Reinaga: “La historia del pensamiento de Occidente no registra un caso como el mío. Las heterodoxias helena y cristiana se hallan fuera de este sui generis paraje”
[2] ¿Y la Educación qué tiene que ver con esta proposición? La educación responde a demandas y necesidades sociales, por tanto, al pensamiento del hombre. En América solo existe un pensamiento: el Reinaguismo. La academia latinoamericana, expresada en el cholaje blanco mestizo y su cipayaje indígena, no ha podido forjar un pensamiento, se ha convertido en la periferia del pensamiento occidental - socrático. Por otro lado, los indigenistas y multiculturalistas, así como los pluralistas, tratan de hablar y escribir de la América India con la dialéctica marxista, o con el idealismo heleno. Por último, intentan conceptualizar los valores indígenas y de pueblos originarios como categorías posmodernistas. Y la educación fortalece las aporías de la periferia de Occidente. Por ello, es fundamental hablar de Reinaguismo y Educación. Porque es la única alternativa del pensamiento occidental, por ahora conocida en América.


RACISMO

Y ¿por qué es premisa sustituir el pensamiento inoculado por Occidente y su periferia cipaya? ¿Por qué hay que sacar de la cabeza del hombre a la canalla filosófica, profética y carismática greco-cristiana?, ¿por qué hay que sacar a Cristo y a Marx de la cabeza del indio?, ¿Por qué hay que descristianizar y desmarxitizar el pensamiento del Indio?, ¿Por qué es imperativo categórico?

Porque el pensamiento de Occidente, cimentado en la revolución socrática, -sea de la escuela filosófica que fuere- es racista y no se trata de un racismo del color de la piel, se trata de un racismo intelectual, mental, del pensamiento. Reinaga sentencia este hecho de la siguiente manera: “El racismo físico, el racismo del color del cuero no es tan infame. Lo infame hasta el crimen es el racismo del pensamiento, el racismo intelectual”
[3]

Este racismo del pensamiento no concibe, por un lado la diversidad del pensamiento, y por otro, la universalidad del mismo -cuando se trata de la alteridad de Occidente-. Es decir, primero es totalizante y se fundamenta en el avance científico de Occidente; segundo, es diversa; así, el posmodernismo y la hermenéutica, bajo la aporía de que todo, en el mundo, es interpretable, desechan la posibilidad de que un pensamiento diferente al de Occidente pueda ser universal, porque reducen el pensamiento al ámbito cultural. Por ello, el pluralismo –que está tan “de moda”, últimamente- determina de forma apodíctica el hecho de que el mundo, en tanto es definido y concebido desde muchos puntos de vista, es indefinible. Por ello, Occidente y su periferia se debaten entre el estudio del ser y la crítica a la razón totalizante. Y no conciben al pensamiento diferente como alternativa al pensamiento heleno-cristiano en lo que respecta a la universalización.

Y cuando alguien empieza a inquirir sobre este racismo, surge una tormenta de críticas y apriorismos, dirigidos a destruir, a toda costa, a quien ose dudar del pensamiento de Occidente. Porque, la canalla filosófica, profética y carismática greco-cristiana, es Dios y Muerte –como dice Reinaga-, por tanto es asesina y su razón es prostituta del Poder, de su poder. Aquí, en Bolivia, es penado por maestros, docentes de universidad, periodistas y otros, el observar a Occidente y a su pensamiento; todo mundo se “escandaliza” y lanza injuria, como agua pútrida, sobre los pensadores que no siguen el camino del pensamiento socrático greco-cristiano. Entonces, “El racismo mental blanco, es un tabú. Nadie habla de él. Nadie asoma ni toca el tema. Todos soslayan y adulan de hinojos al pensamiento del blanco greco-cristiano.”
[4] Y lo adoran como al “becerro de oro”, a pesar de que vivamos en el siglo XXI. ¿Ejemplos? En la carrera Ciencias de la Educación de la UMSA (Bolivia), jamás se lee un ápice de autores indios, como Reinaga; porque se le da preferencia a la producción “intelectual” del cholaje, que no es otra cosa que una copia mal realizada del pensamiento occidental; así también, se le da preferencia al pensamiento europeo y norteamericano. Este accionar es criminal, porque atenta contra la conciencia de las personas, de indios y mestizos, porque hiere de muerte a este país. Es una verdadera traición a la Patria. Docentes y estudiantes sueñan con Piaget, Vigotski, Papalia, Rousseau, Montessori, Gramsci, etc.; o adulan a Tamayo, Pérez, Rouma, Zabaleta Mercado, etc.; como si occidente y su periferia comprendiesen el problema del indio. Desprecian lo propio, lo originario, salvo que, como Tamayo, el autor sea cipayo del pensamiento europeo.


REINAGUISMO

Y ¿A qué se refiere la alteridad mencionada anteriormente?: al Reinaguismo.

Reinaga atravesó etapas de pensamiento, por ello, no se lo puede calificar de indianista o de ideólogo, como conciben algunos cipayos de la periferia de occidente, endebles seguidores de Tamayo, Zabaleta Mercado, J. C. Mariátegui, etc. Reinaga nos relata: “Cristianismo, marxismo, indianismo y reinaguismo son los tramos de mi pensamiento. Dejo al cristianismo, dejo al marxismo, dejo al indianismo. Y llego al reinaguismo, que es el pensamiento científico de la era nuclear a que ha ingresado el hombre”
[5]

Detengámonos en la última oración de la cita del parágrafo anterior: Reinaguismo, pensamiento científico de la era nuclear. ¿Qué es Reinaguismo? “Es la filosofía amáutica (…) “Reinaguismo”, no es un “ismo” más de la era greco-cristiana, es la expresión de un hecho: el hombre cósmico, la humanidad amáutica. “Reinaguismo”, es en suma, sinónimo de la era einsteniana.”
[6]


EL HOMBRE

Para cualquier tipo de aproximación teórica de la realidad y del pensamiento, es imprescindible, la definición de hombre.
[7] Porque, cuando empezamos a definir al hombre, empezamos a responder a la siguiente pregunta: ¿Quiénes somos? Y cuando conocemos lo que somos, comprendemos nuestro lugar en el Cosmos; por tanto, nuestra función como organismo pensante.

Así, nuevamente, inquirimos en el pensamiento. Porque: “El hombre es Tierra con hálito de Sol. El Sol le ha dado vida y la Tierra le ha parido. El hombre es pensamiento, su pensamiento. (…)El hombre piensa, y con su pensamiento conoce, aprehende, posee, domina, usa, edifica y destruye a las cosas que hay en el cosmos. El Cosmos se manifiesta y actúa a través del hombre. El Cosmos se hace conciencia en el hombre. El hombre es la conciencia del Cosmos”
[8]

Toda esa relación, entre: hombre, tierra, Cosmos, pensamiento y conciencia, es el fundamento del pensamiento Reinaguista; ahí descansa la base de la diferencia con el pensamiento occidental – socrático. ¿Cómo es esa relación? Reinaga, con palabras ígneas, sentencia de manera apodíctica:

“El hombre es Tierra que piensa.

¿Y qué es tierra?

La tierra es Cosmos.

Luego, el destino del hombre, es ser pensamiento. Pensamiento del Cosmos. Conciencia del Cosmos.

¿Qué es ser pensamiento del Cosmos? ¿Qué es ser conciencia del Cosmos?

Es conocer el Cosmos.

¿Qué es conocer el Cosmos?

Conocer el Cosmos es penetrar la forma y la esencia del Cosmos. Y, penetrar, es poseer la verdad, la verdad científica sobre el origen de nuestra Galaxia Solar y el origen de millones y millones de Galaxias expandidas en la infinitud del Universo...(…)Y si hay vida, saber qué forma tiene, cómo se manifiesta, cuál su destino.”
[9]

Entonces, ¿Qué es conocer?

“(…) Conocer es ser la verdad y la libertad en el Cosmos y en el Planeta Tierra (…) Conocer la Verdad, ser la Verdad es saber: cómo se debe ser, cómo se debe pensar, cómo se debe hacer.”
[10]

¿Qué significa, para el hombre, conocer el Cosmos?

“El hombre, en la medida que conoce el Cosmos, en la medida que tiene conciencia de su conocimiento del Cosmos, adecúa, sujeta su pensamiento y su comportamiento a las leyes del Cosmos.”
[11] Por ello, el hombre no es “el ser racional”, no es quien domina a la naturaleza, no es superior a los demás animales, no es quien sujeta las leyes del Cosmos a su conveniencia e interés. Más bien, él es parte del Cosmos. Cuando conoce dicha realidad, se da cuenta de lo que es: conciencia del Cosmos. Es en ese momento, en el que el significado de la ciencia del pensamiento Reinaguista se aleja, para siempre, del de la ciencia occidental. Porque ya no se trata de cómo “vivir mejor”, a costa del medio ambiente y los otros animales; sino de “armonizar mejor”, para desempeñar óptimamente el rol de ser la conciencia del Cosmos.

Y ¿cómo es el Cosmos?

Es Tierra. En suma, la forma indivisible de todos los elementos animales, vegetales, forestales, etc., que conforman una armonía entre sí. “El árbol, el animal y el hombre en forma, orden y armonía son la substancia íntegra y total del Cosmos. Aquí no hay ni macrocosmos ni microcosmos, sólo hay Cosmos”
[12] Aquí reside la diferencia de la concepción de Cosmos con el pensamiento socrático-occidental.


PENSAMIENTO

Como señala el Reinaguismo: el hombre es pensamiento, por encima de todas las cosas. Entonces, definamos al pensamiento, preguntándonos ¿Qué es el pensamiento? Reinaga nos responde de la siguiente manera: “El pensamiento es el producto, la creación, la hechura, la obra del cerebro del hombre (…) El pensamiento del hombre es una fuerza sin paralelo en la naturaleza y en el Cosmos. El poder del pensamiento es de tal magnitud y poder, que no hay nada bajo el Sol, con que se pueda equiparar (…) El pensamiento, producto del cerebro del hombre es algo que alcanza la inmortalidad. Cuando el hombre de “carne y hueso” desaparece y torna a tierra, el pensamiento, su pensamiento queda en la sociedad”
[13]

Por ello, el pensamiento no es divisible en secciones o partes. El pensamiento es un todo, es el todo del hombre; por ello, no se pueden concebir formas de pensar, a saber: lo conceptual, lo procedimental y lo actitudinal; dicho de otra forma –y cuando en currículo se habla de “contenido”- saber saber, saber hacer y saber ser. Y ¿por qué no se puede seccionar al pensamiento de esta forma? Principalmente porque la magnitud del alcance teórico, filosófico y educativo del pensamiento, en Reinaguismo, no lo permite así. “(…) Porque sólo el pensamiento cambia al hombre y al mundo del hombre. No son las manos que elaboran, que hacen las cosas, las que gobiernan el pensamiento, el cerebro; el pensamiento no sale de las manos; el pensamiento sale del cerebro”
[14]

Entonces, no es el accionar el que hace al pensamiento; no son las actitudes las que hacen al pensamiento; no son los conceptos los que hacen al pensamiento. El pensamiento es la síntesis de los tres, el pensamiento es la totalidad. Por lo tanto, ellas no dividen al pensamiento ni son ajenas a él, son parte de él. Es aquí donde la concepción diferencial entre teoría y práctica desaparece. La praxis educativa pierde significado ante la concepción de pensamiento, ante el pensamiento Reinaguista. Porque ya no se trata de que el accionar es antes que el pensamiento: es al revés. Tampoco se cae en el apotegma: “pienso, luego existo”. Porque la concepción de pensamiento es totalmente distinta y está estrechamente relacionada al hombre y su función en la realidad. Por lo tanto, para Reinaguismo, la discusión entre “teoría y práctica” y “existencia” al estilo cartesiano, no son más que debates obsoletos.

¿POR QUÉ AMÁUTICO?

Otro aspecto fundamental del pensamiento Reinaguista es el imperativo categórico que se refiere a constituir la Comunidad Amáutica Mundial. ¿A qué se refiere con amáutico? ¿Qué significado tiene? Reinaga lo explica de la siguiente forma: “Es preferible el uso, el empleo del término AMÁUTICO en lugar del término CÓSMICO. Porque COSMOS, desde Grecia significa, se refiere a una entidad que se halla fuera del Ser del hombre. Cosmos, un punto más o menos, es el Universo. En cambio, AMAUTA, es el cerebro pensador. En el mundo de Preamérica, el Amauta –verdad o mito- es el cerebro que se halla en posesión de las leyes del Cosmos, y sujetándose a ellas, organiza el cerebro de la sociedad humana (…)La segunda razón para el empleo del vocablo AMAUTA es de carácter semántico, fonético. Como Occidente de Sócrates a Sastre es pensamiento socrático; y como en la era nuclear, debe haber o debe ser, otro pensamiento, es entonces por razón semántica, fonética y estética, viene como anillo al dedo, el vocablo amáutico en oposición al vocablo socrático…”
[15]

Ese es el argumento principal para la utilización del término Amáutico. Porque lo amáutico es la contraposición, la antípoda al pensamiento socrático.


REVOLUCIÓN

¿Qué es revolución? Es la sustitución de un pensamiento por otro. No es otra cosa que ello. La revolución amáutica no es la toma de armamento para eliminar físicamente al enemigo. La revolución amáutica es sustituir al pensamiento socrático, al pensamiento de occidente y terminar con su razón prostituta y asesina. “La Revolución Amáutica es llegar a ser lo que se es; Ser lo que se es. La Revolución Amáutica es ser Cosmos. Ser la conciencia del Cosmos.”
[16] Revolución amáutica es sustituir los conceptos de “Dios y Muerte” por los de “Hombre y Vida”. Esos son los cimientos de la edificación de la Comunidad Amáutica Mundial, que no es otra cosa que “El Reino de la Verdad y la Libertad”. Y esta Comunidad, solo se podrá edificar conociendo, estudiando y haciendo carne y hueso los dos primeros imperativos categóricos, que en síntesis son: sustituir el pensamiento occidental por el pensamiento Reinaguista, a partir de ser lo que se es.

En esta idea, Reinaguismo se diferencia de la teoría occidental, así como de su periferia. Entonces, concluimos que “Si la Revolución socrática es la conciencia de sí y en sí; la Revolución Amáutica es la conciencia humana hecha conciencia del Cosmos (…) Para la revolución socrática el hombre es el centro del Universo. Y para la Revolución Amáutica el hombre es la conciencia del Cosmos”
[17] Por tanto, “la conciencia para sí”, también pierde significado; porque lo fundamental es la conciencia del hombre hecha conciencia del Cosmos.

Por todo lo expuesto, se concluye que no hay otro camino a seguir más que el Reinaguismo en la Educación. Porque la transformación no reside solo en la educación, ésta se fundamenta en un pensamiento, y sin él no hay transformación. La ciencia será tal si y solo si asume la alteridad del pensamiento, es decir, el positivismo lineal y el pluralismo apodíctico deben comprender que ha emergido, desde Bolivia, un pensamiento, inspirado en los saberes de las culturas milenarias y en la historia de los últimos diez siglos; y que el mismo se consolidó con el legado del Reinaguismo. Este pensamiento es irreconciliable con el occidental y se erige como alternativa, orientando al surgimiento de una nueva forma de hacer ciencia: una ciencia que se sujete al imperativo categórico Reinaguista.
[1] Reinaga, Fausto. La Revolución Amáutica. Ediciones Comunidad Amáutica Mundial. La Paz, 1981. Pág. 69.
[2] Ibíd. Pág. 11.
[3] Reinaga, Fausto. La Era de Einstein (Reinaguismo). Ediciones Comunidad Amáutica Mundial. La Paz, 1981. Pág. 52.
[4] Ibidem.
[5] Reinaga, La Revolución Amáutica. Op. Cit. Pág. 16.
[6] Reinaga, La Era de Einstein, Op. Cit. Pág. 93.
[7]Utilizamos el concepto “hombre”, como categoría filosófica, por cuestiones teóricas, más que fonéticas. No utilizamos el concepto de “ser humano”, por su connotación teórico - filosófica; tampoco utilizamos el de “persona”, porque se fundamenta en el aspecto psicológico, a nivel teórico. No se trata de menoscabar al género femenino, sino de establecer una categoría del pensamiento que no hace diferencia de género al abordar el conocimiento científico.
[8] Reinaga, La Revolución Amáutica, Op. Cit. Pág. 69.
[9] Reinaga, La Era de Einstein, Op. Cit. Pág. 80.
[10] Ibíd. Pág. 81.
[11] Reinaga, La Revolución Amáutica, Op. Cit. Pág. 74.
[12] Reinaga, La Era de Einstein, Op. Cit. Pág. 82.
[13] Ibíd. Pág. 18.
[14] Reinaga, La Revolución Amáutica, Op. Cit. Pág. 70.
[15] Ibíd. Pág. 81.
[16] Ibíd. Pág. 74.
[17] Ibíd. Pp. 73-74.

Sunday, April 01, 2007

EVO MORALES: CULPABLE DE TODOS LOS MALES

Evo=Ignorancia, Evo=Comunista, Evo=Anti Cristo, Evo= Inseguridad jurídica, Evo="Indigenismo", Evo=Centralismo, Evo=Miopía, Evo=Avales, Evo=Corrpución, bla, bla, etc.; es lo único que se lee y escucha por los medios de "información". Los "doctores" y "licenciados", no sólo de la prensa, sino los productos de la Universidad Boliviana (obviamente, no todos), tratan de encontrar lo que sea para agredir, en su pobre lenguaje, al Excelentísimo Presidente de la República.

Deberían, primeramente, dejar de decirle Evo; ya que ese lujo sólo pertenece a la gente que lo respetamos y que le tenemos aprecio, como dirigente político y como persona.

Los profesionales (no todos), se creen mejores a las demás personas. Aunque dejan mucho que desear, sobre todo a la ciencia. Veo que les cuesta reconocer que un no profesional tiene más capacidad que ellos. Por ello, no saben ya dónde encontrar algo nuevo para decir que tienen la razón yu que siguen siendo mejores que la gente "común".

Ojalá y no culpen al Presidente de la reducción de la capa de ozono, o del calentamiento global. Con los argumentos que expresan, no sería nada extraño.

Los profesionales, deberían de ayudar. Lo digo, sobre todo, por los profesionales en Ciencias de la Educación. Y si me rebaten diciendo que este es un tiempo de gobierno totalitario, autoritario, etc., yo les insto a que reflexionen sobre la política educativa de analfabetismo 0.

Gracias por vuestro tiempo.



Saturday, September 16, 2006

EL MAESTRO Y LA ESCUELA PARA REINAGA:
Un debate para la actualidad


La educación, para científicos y educadores, es concebida como transformación; ya no es simplemente un proceso de socialización o de instrucción. Así lo explican las nuevas teorías de la educación y los modelos pedagógicos (problematizador, socio-cognitivo, socio-histórico, pedagogía de la resiliencia, de la ternura, etc.); y en Bolivia así se enseña y educa en los centros de formación superior, como las Normales y Universidades (carreras de Pedagogía y Ciencias de la Educación). Así, actualmente se habla de “Educación para el Desarrollo”. En este nuevo proceso educativo, el maestro de la educación formal, quien es formado en los Institutos Normales Superiores del país desempeña un papel fundamental, porque es actor decisivo en la “Educación de los niños”, por tanto en el fortalecimiento del país.

Explicada la importancia del maestro boliviano (sea mujer u hombre) en el desarrollo y fortalecimiento del país en todos los ámbitos, nos preguntamos si éstos conocen dicho rol social que deben cumplir con total seriedad y compromiso, además de vocación. Y ¿Por qué nos los preguntamos?, porque durante los últimos veinte años solo hemos visto huelgas, marchas y bloqueos por concepto de aumento salarial dentro del magisterio nacional, urbano y rural. No los hemos visto preguntándose por lo que describimos en el párrafo anterior sobre la educación. Recurrimos a la historia y encontramos que las actitudes del magisterio son sintomáticas y no han cambiado, a pesar de que el mundo cambia constantemente. El ser humano ya se comunica mundialmente a través de las computadoras y de las redes informáticas y el magisterio sigue pensando como hace cuarenta años: Bolivia trata de sobrevivir sumida en la pobreza y el magisterio pide, pide y pide al Estado, no ve la realidad nacional, no comprende que la clave para el desarrollo se encuentra en la educación.

¿Y las generaciones nuevas?, me preguntarán. Y les responderé que en los INS (Institutos Normales Superiores) no se ha escrito un opúsculo sobre el papel fundamental de la educación. Los estudiantes normalistas son imagen y semejanza del magisterio; para ingresar hacen huelgas, marchas y bloqueos; para ellos, no existen las respuestas negativas, aunque no hayan cumplido con los requisitos para el ingreso, demandan su incorporación porque todo les parece injusto y corrupto. No pueden aprobar uno de los exámenes más sencillos del sistema de educación superior; a pesar de que asisten a cursos de preparación para dichos exámenes de ingreso. Luego, el gobierno tiene que ceder ante las “justas demandas de la juventud” y terminamos en la masificación de la educación superior. Y cuando los ítems son insuficientes, el magisterio no duda en señalar, con sus manos criminales, al gobierno que les permitió el ingreso a los INS.

Y los estudiantes que ingresaron deben de obedecer al Magisterio y pagarles un aporte “voluntario” sindical, porque hay que contribuir a su propio futuro: el crimen. Estos normalistas jóvenes, se devanan los sesos con resúmenes y ensayos descargados del Internet, que presentan como producción propia, y nunca escriben. ¿Queréis ejemplos?, os invito a revisar los proyectos de innovación pedagógica que presentan estudiantes para graduarse, en ellos comprobarán que la lectura no es hábito de la “juventud normalista”; igualmente las monografías. O, simplemente, lean los trabajos que realizan los estudiantes normalistas de cualquier nivel y verán, horrorizados, cómo son los futuros formadores de las generaciones nuevas. “Busqué en la Normal de La Paz siquiera a 50 hombres justos y no los hallé”, fue una decepción única, porque no hallé hábito de lectura (salvo en la carrera de literatura), menos, de escritura; contemplé, con lágrimas en los ojos, inopia en la carrera de Lenguaje primaria; no había ni un solo pensador en todo el INS Simón Bolívar, no había gente comprometida con el país, sólo vi a futuros huelguistas y mendigos del Estado. Rasgué mis vestiduras y puse mis esperanzas en las normales de Warisata y Santiago de Huata; pero me dieron un revés con su inopia y desidia hacia la educación. No encontré a ningún Avelino Siñani, solo vi a gente cipaya del cholaje y del dinero. Traté de encontrar la diferencia en otro departamento y me fui a Oruro, al INS ubicado en la ciudad y comprobé que el maestro en formación solo cambia en el sentido regional, pero que continua siendo el peor enemigo del país. Lloré por algún tiempo, y al final le declaré la guerra al magisterio y a sus cipayos normalistas; me prometí nunca callar la realidad putrefacta y prostituta de la educación escolarizada, y sólo hallé eco en Fausto Reinaga, fue el único boliviano que denunció a los criminales del magisterio de forma pública y escrita. Reinaga me dio fuerzas en esta lucha que apenas si ha comenzado y que no tendrá tregua, hasta conseguir la sustitución del pensamiento socrático por el pensamiento indio; hasta conseguir que el magisterio cambie sus esquemas mentales, esa es la lucha, no es otra cosa que ese accionar, a través de la educación. No me detendré hasta que en Bolivia India el maestro sea guía, líder, ejemplo a seguir, tutor, sabio y amauta. Porque en la actualidad, el maestro es todo lo contrario: es podre, crimen, prostitución, malicia, pésimo ejemplo e ignorante, semialfabeto inoculador de miseria intelectual en los bolivianos.

Bien, vayamos a uno de los análisis críticos más lucidos que se han vertido en el debate educativo desde la década de los ’60 del siglo XX en nuestro país. Respecto a la función del maestro, de la escuela, y de la educación, Reinaga dice lo siguiente, con sentencia fulgurante:

Escuelas y colegios secundarios con maestros semialfabetos o analfabetos y en huelga permanente; maestros que justifican su existencia a través del estómago y el falo y que viven de rodillas ante el Becerro de Oro. Maestros que asaltan como en las apachetas dineros a los alumnos desde la inscripción hasta el último día del año lectivo con uno y mil pretextos. Maestros sin una gota de moral, ni noción y menos pasión del apostolado que entraña la carrera de un modelador de almas y de un guía. Maestros arrebañados en banderíos políticos, que inoculan en el alumnado con el ejemplo y la palabra doctrinas foráneas de derecha y de izquierda; doctrinas destructoras de la esencia india de esta Patria…

Fausto Reinaga. EL INDIO Y EL CHOLAJE BOLIVIANO. La Paz, 1964. Pp. 202-203.


La escuela fiscal (la escuela del Estado) es un antro de perdición. En la escuela fiscal se respira una atmósfera de miseria, vicio e ignorancia. Maestros y alumnos mordiendo su hambre y derramando andrajo llenan las aulas destartaladas, a veces sin puertas ni ventanas. Directores y profesores a trompadas se quitonean escuelas y aulas. Dentro de la escuela se respira crimen. Los maestros son “maestros” de la mentira, el fraude y el robo.

La escuela privada: es un negocio contante y sonante. El dios que se adora es Pluto, el dios del dinero.

La escuela (privada o fiscal) en Bolivia es una cueva de pecado y crimen. Impera y rige la ley de los vándalos y arpías Teodotas, de Atilas y Celestinas. Despide un vaho de vicio y prostitución, de sangre y delincuencia. En la escuela el niño pierde la inocencia del alma y del cuerpo. La escuela es la escuela del emputecimiento carnal y espiritual.

El maestro, no lee, no estudia, no tiene libros de consulta. Ni revistas pedagógicas. Desconoce el alma del niño boliviano; nadie ha escrito un opúsculo siquiera sobre esta materia; y menos, muchísimo menos, sobre el alma del niño indio. En las Normales se usa y se utiliza mecánicamente, bobárycamente libros y métodos de otros países, sobre todo de Europa, Estados Unidos o Rusia. En los Congresos de maestros se habla con ideas ajenas y lejanas. El “Emilio” de Rousseau o “La conferencia sobre educación” de Makarenko, arrancan aplausos de los maestros que traspiran por todos los poros ignorancia, más ignorancia y siempre ignorancia sobre Bolivia. Ignorancia que trabaja con textos pensados, escritos y publicados en países europeos, como España, Francia, o Argentina, Venezuela, etc.

Fausto Reinaga. LA REVOLUCIÓN INDIA. La Paz, Enero de 1970. Pp. 196-197.



Y, ¿quién modela aquí el alma de los niños? Los maestros. Y ¿cómo son los maestros de Bolivia? Los maestros de este país son una jauría de malhechores. En carne y alma llevan el crimen. El magisterio es un sindicato de asaltantes desalmados. (…) el maestro se ha apoderado del alma del niño boliviano, para hundirla en la delincuencia (…)…El magisterio de Bolivia no trabaja, hace huelga; enseña huelga. A través de los alumnos, a piedra y bomba, siembra el terrorismo. El maestro no estudia; el maestro es una pétrea rutina. La enseñanza que imparte es nada más que ignorancia. Un alumno de 6º de primaria no sabe leer ni escribir; un bachiller que deja la secundaria, tampoco (…) El maestro que destruye a los niños y a los adolescentes, destruye la nacionalidad. La escuela es una plaga cancerosa, ¡por amor de Dios! Hay que cerrarla, y librar de esa plaga a los niños de Bolivia.

La pedagogía acaba de aplicar este sabio principio: “a cada uno según su trabajo”. Cuando el alumno aprende, vence el programa, el maestro recibe la paga. Si el educando no ha aprendido, el maestro no recibe paga. El maestro boliviano, aplica este principio al revés: no trabaja ni enseña; pero cobra sueldo. El Estado se atrasa minutos de tiempo para pagar; furibundo el maestro arroja a los alumnos a la calle, cierra las escuelas y se declara en huelga.

La escuela, el colegio secundario y la universidad privada, no hacen la excepción. La enseñanza privada en este país, es lo más indigno y canalla que se pueda concebir. El colegio alemán, inglés, Israel, francés…son pedazos vivos de sus países de origen. Programas, método, lengua, responden a sus respectivos Ministerios de Educación de allende los mares. Bolivia se halla ausente de estos planteles de enseñanza. Cada colegio o escuela se halla provisto de su respectiva Resolución Ministerial, para esta sui-géneris extraterritorialidad de que disfrutan. El niño boliviano en estos planteles se convierte en judío, alemán, francés, inglés…se diluye y desaparece su personalidad carnal y sanguínea. La enseñanza particular en Bolivia es una escuela de total despersonalización del educando.

Arturo Von Vacano, joven escritor nacional, autor de “Sombra de exilio”, nos da la razón cuando amargamente confiesa: “…El Colegio Alemán me había hecho un extranjero dentro de mi propio país”.

Hay otra página negra en este asunto de la despersonalización. La escuela de la frontera es una escuela asimilada a la enseñanza del respectivo país limítrofe. (…) La escuela de la frontera, es una escuela de ocupación pacífica del territorio nacional.

La escuela en este país se ha convertido en lepra y sífilis de la sociedad. El maestro no educa; busca oro; por eso todo el año hace huelga pidiendo aumento de sueldo. El magisterio nacional es una podre. El maestro quiere “casa, auto y chequera en dólares”, y para conseguir no repara en nada. Gracias al maestro este país es “un páramo intelectual”. Aquí no hay escritores, artistas, científicos. No hay conciencia nacional. Bolivia es su obra. Porque en la escuela es donde se forja la Patria. El maestro boliviano es germen de gangrena; carne emputecida, alma vil. En la escuela se enseña: huelga e ignorancia, corruptela y traición. En la escuela “el arribismo comienza a los seis años”. El maestro, por el lado que se mira, es un traidor a la Patria.

Fausto Reinaga. TESIS INDIA. La Paz, mayo de 1971. Pp. 58-62.


La historia reciente de Bolivia, de los últimos 30 años solo ha confirmado las tesis expuestas por Reinaga. El magisterio continúa siendo todo lo expresado por el gran pensador indio; el aumento salarial nunca será suficiente para ellos, porque como no leen ni ven su realidad no comprenden que el Estado no puede otorgarles más incrementos. Y aunque así lo haga, ellos, despotricarán contra las autoridades, porque nunca será suficiente, ni salario ni bonos. ¿Acaso no ocurrió así este año con el incremento del 7% a su salario?

Y, ¿de qué serviría un incremento del salario al magisterio y la eliminación de déficit de ítems? Serviría para dos cosas negativas: primero, la masificación en los INS se tornaría en incontrolable, por la ambición de “la juventud actual”; segundo, el pensamiento del magisterio criminal no va a cambiar con mayor o menor ingreso monetario a sus bolsillos. En lugar de fortalecer al país lo perjudicaríamos, porque, como dijo Reinaga, Bolivia es producto de su educación, por tanto, del maestro. Si queréis conocer su pensamiento, revisen su propuesta educativa para el II Congreso Nacional de Educación, presentada el año 2003, intitulada PROPUESTA PEDAGÓGICA DE RESISTENCIA, CRÍTICA Y EMANCIPADORA. Encontraréis fines y objetivos aparentemente positivos como: Transformar el sistema educativo para crear una educación que elabore praxis de valores, actitudes y habilidades para facilitar la construcción de una personalidad crítica y solidaria que promueva la equidad y la justicia social. Sin embargo, se quitan la máscara a la hora de determinar los resultados que esperan de la nueva educación formal nacional. Así, una de sus mayores metas, descritas en el documento, se resume en lo siguiente: resultado=docentes bien capacitados y bien pagados.

Eh ahí la verdadera intencionalidad del magisterio, que apuesta por la equidad, la justicia y el antiimperialismo, un magisterio plagado de delincuentes y criminales. ¿Dónde su delincuencia? En su accionar orientado a cómo ganar más dios-dinero, expresado en las escuelas y violentando las almas de nuestros inermes niños. ¿Y el crimen?, consiste en transmitir y enseñar la revolución socrática, el pensamiento socrático, que en resumen es: Dios y muerte, que nos muestra al hombre como el Ser, el Absoluto, el centro del universo. Que nos conduce a un pluralismo que enarbola la inopia y que es totalizante, así como la razón que tanto critican.

El magisterio, en función, como en formación (los normalistas), se reduce al grito de Eurides: “Mi único Dios es mi panza” (Kraus, René. La vida privada y pública de Sócrates. Ed. Sudamericana, 3ª edición, Buenos Aires, 1966; pág. 275).

Saturday, June 03, 2006

Entre un sueño y una promesa (Segunda Parte)
3

Soy un gran admirador del clima nublado y de las precipitaciones pluviales, incluso de las tormentas eléctricas, a las cuales les temo y les guardo un respeto casi religioso. Se podría decir que soy un amante de la lluvia. El solo hecho de ver nubes grises empezando a cubrir los cielos me llena de una serie de sensaciones que dan pie a una explosión emocional en cadena, todo el placer de lo misterioso recorre cada punto de mi cuerpo y me estremezco al tiempo que el viento predecesor de la caída de las millones de gotas de agua roza mi cara y eleva mi cabello hasta lograr que se aferre a mi cabeza, con las puntas mirando hacia atrás, así como lo hacen las ramas de los árboles. Imagino que soy solo parte del paisaje, como la rama de un árbol, por ejemplo. Permanezco rígido como un objeto sin vida y contemplo el cambio de colores. Primero; el cielo moteado de blanco por nubes que parecen grandes cantidades de algodón manchadas con gris. Segundo; todas esas nubes se conglomeran formando un solo bloque anejo que cubre casi todo el cielo, seguidamente el color se torna de gris a plateado brillante. Tercero; a causa de la luz solar el bloque plateado se matiza de un color morado, donde el carmín combina perfectamente con el azul. Cuarto; la lluvia empieza a repicar sobre la tierra y el paisaje se ve cubierto por un manto de azul y morado, apenas si se advierten las formas de las montañas, árboles, casas, o lo que esté cubierto por las millones de gotas de agua. Quinto; ese manto de lluvia es iluminado intermitentemente por la luz blanquiazul de los relámpagos del cielo que se estrellan con violencia en el suelo empapado de agua y son proseguidos por los retumbantes truenos que hacen vibrar toda materia que se encuentra cerca. Por último, los colores se difuminan y todo se ve opacado por la precipitación pluvial que recorre lentamente un territorio vasto; en ese momento uno está en medio de ese espectáculo de la naturaleza y es acariciado por las gélidas porciones de agua que terminan empapando todo el cuerpo.

Así que ese día era muy confuso, porque se entremezclaban sensaciones sublimes y sensaciones de horror, de tristeza, de alegría; en fin, todas las sensaciones juntas. Era un día distinto a la última mitad de década: era la primera vez que la noche anterior no soñara con ese sueño y en lugar de él soñara con ella, tratando de encontrarla y decirle que no se preocupara de nada, fue un sueño muy confuso.

Ese día mi pensamiento había amanecido concentrado en una sola persona: Helen. Resalto este hecho porque la mayor parte del tiempo permanecía durante horas asimilando que durante la noche anterior, lo que había sucedido se trataba solo de un sueño. Este día, particularmente, había imaginado un retrato de ella, un recuerdo imperecedero. Su mirada impasible, como si no existiera nadie más en el mundo, solo ella. Su frente se veía impecable, sin un lunar sobre ella; a pesar de que los tenía en otras partes del rostro; sobre ella, caían ligeramente dos mechones de cabello encorvados que apuntaban hacia el centro de su nariz. El cabello, de color negro, lo tenía liso y brillante como si lo hubieran bruñido, estaba dividido sencillamente por una línea al centro; ésta hacía que los miles de cabellos cayeran a izquierda o a derecha de su cabeza, hasta posarse en los hombros. En la parte opuesta a su rostro caía como agua hasta llegar a sus omóplatos y brillaba con la luz del atardecer, cubriendo sus orejas y parte de su rostro. Sus ojos, color marrón, estaban algo vidriosos y me recordaban mucho a la lluvia. Sus pestañas se elevaban oblicuamente hacia el cielo. Sus pómulos eran algo pronunciados y sus mejillas tenían algo de rubor natural, que era casi imperceptible a causa del tono cobrizo de su tez. Sus labios eran relativamente pequeños, se veían provocativos, estaban ligeramente pintados con algún tipo de lápiz labial sofisticado. Sobre ellos, se elevaba su nariz algo respingona. Su barbilla era poco pronunciada y concordaba con el resto de su semblante. Su cuello se veía terso y muy delicado. Así era ella; todo en su imagen me transportaba a un cielo a punto de precipitarse hacia el vacío.

Creía que ese cuadro mental era producto de mis recuerdos; porque así se veía cuando salía a alguna reunión con sus amigos o cuando tenía compromisos formales, lo sé porque la acompañé a varios eventos de ese tipo. Pero, había algo que no concordaba con su expresión; ella era una persona que siempre denotaba alegría, a pesar de que estuviese pasando por momentos difíciles. Y la expresión del cuadro mental permanecía en un lugar intermedio entre la tristeza y la adustez. Era como si al mismo tiempo me pidiera ayuda y me regañara. A pesar de ello se veía preciosa. Lo pensé durante un par de horas, aprovechando que ese día me había levantado muy de madrugada, pero no logré comprender esa imagen y menos aún la expresión de Helen. Tenía la impresión de que lo averiguaría muy pronto.

4

El sueño.

Todo empezó hace cinco años. Corría el mes de octubre, por esta región –el altiplano sudamericano- ya se empieza a conformar un clima propicio para la temporada de lluvias que empiezan en noviembre y se prolongan hasta el mes del marzo del siguiente año. Pero había notado algo diferente en todo cuanto me rodeaba, era como si personas imaginarias me dieran la espalda y se negaran a dirigirme la palabra; estaba solo, me sentía así. Ya habían transcurrido dos años desde que Helen terminó su relación conmigo; dos años de no sentir el perfume de su presencia, de no hablar y reír con alguien, de no salir a caminar por las calles de la ciudad, de no sentirme querido. Debo agregar que mi padre murió en un accidente automovilístico cuando yo era un recién nacido y mi madre murió al darme a luz; me crió una tía que murió hace diez años; pero creo que lo menciono solo para expresar mi “soledad” aparente, mi sensación de no ser querido por nadie; aunque desapareciera por lapsos de tiempo muy grandes.

Bueno, fue una noche en la que me encontraba muy agotado. Llegué a mi casa, ubicada en la ciudad contigua a la que vivía Helen, me quité el único abrigo grueso que tenía y lo tiré sobre una silla que estaba al lado de mi cama. Me dirigí a la cocina, a través del patio, y puse a calentar aproximadamente unos dos litros de agua; cuando ésta hirvió la vacié en una botella de coca – cola de plástico y la aseguré con su diminuta tapa roja. La llevé conmigo al dormitorio y la puse, debajo de las frazadas (cuatro, por cierto) a la altura de los pies; me cambié de ropa y me vestí con un par de chompas de lana y otro de pantalones deportivos; puse el despertador de mi reloj a las seis de la mañana y apagué la luz antes de acostarme. Era mi rutina hacía un año.

La negrura se fue difuminando y de pronto me vi parado en el centro de la ciudad donde vive Helen, al lado del obelisco que señala hacia el cielo; el cielo, dividido en dos realidades totalmente opuestas, aunque inseparables: el día y la noche, lo que todos consideran un día precioso y lo que yo considero un día maravilloso, el cálido firmamento soleado y el inextricable cielo azul grisáceo. No sabía exactamente qué es lo que hacía allí, pero mi cuerpo me obligó a avanzar hacia la zona sur de la ciudad. Lo que ocurrió luego, fue inexplicable; había un accidente de tránsito al final de la avenida que alberga una gran cantidad de caminos hacia el sur de la ciudad, todos miraban el accidente pero no advertían lo más extraño de la escena: que el agua de la lluvia, que cubría la parte sur de la ciudad, empezaba a correr en sentido contrario. No me detuve, continué con mi camino, sabía que a esa hora –entre las seis y las siete de la tarde- Helen se encontraba estudiando su postgrado en un edificio que quedaba a dos calles de ese lugar. La gente caminaba apresuradamente de un lado a otro, casi no transitaban automóviles por las calles y avenidas. Advertí que se empezaban a oír las sirenas de las ambulancias y autos de la policía; hasta donde la vista me permitía apreciar vi cómo la energía eléctrica se cortaba en media ciudad y se oyó un retumbar de aguas que hizo vibrar el pavimento de la calle sobre la que me encontraba caminando. Fue entonces que empecé a correr desesperadamente, porque sabía que no contaba con el tiempo necesario para salvarla.

Llegué hasta la puerta principal del edifico, que tenía unos 15 pisos de altura, y la calle empezó a temblar; la lluvia se intensificó y de un momento a otro me encontraba totalmente empapado y tendido sobre el pavimento. Miré hacia el cielo y vi que algunos restos del edificio caían a mí alrededor; me hice a un lado rodando sobre mi cuerpo como una botella y permanecí unos segundos bajo el umbral de la puerta de vidrio, temiendo por una catástrofe inminente. Pasaron unos segundos y decidí subir hasta el piso 3, donde estaría Helen; en ese instante las luces se apagaron y todo el hall quedó ensombrecido. Utilicé las escaleras y me las arreglé para mantenerme en pie, porque el temblor aún persistía y un montón de personas corrían desesperadas hacia la salida del edificio; llegué hasta el hall del tercer piso y advertí que el salón donde estaría ella estaba cerrado, me aproximé y escuché un montón de golpes que provenían desde adentro; las personas estaban atrapadas porque parte del umbral había cedido y una columna de concreto cerraba el paso, por dentro, por lo menos eso oí al preguntar cómo estaban ahí adentro. Lo único que atiné a decir fue: ¿está Helen ahí adentro?; oí su voz diciéndome: - Ayúdanos, por favor.

Empecé a buscar algún objeto duro que pudiera utilizar para romper la puerta. Al fin, encontré un extintor de metal, lo levanté y con él golpeé la puerta hasta conseguir mi objetivo. Desde adentro, un par de hombres me ayudaron con lo que tenían al alcance; logramos abrir un boquete de unos 45cm de diámetro, por donde salieron, primero las mujeres y después los hombres, todos con un semblante de horror. Cuando Helen salió me miró para agradecerme y un relámpago iluminó el lugar; entonces, se dio cuenta de que era yo; se lanzó a mis brazos y se echó a llorar, podía sentir el calor de sus lágrimas en mi pecho mojado. El temblor de la tierra había disminuido y se oían gritos afuera, ya casi no había gente en el edificio, Helen y yo bajamos por las escaleras hasta el segundo piso; en ese preciso momento se oyó un estruendo sobrenatural y el techo del edificio se precipitó como si fuera de papel. Perdí el conocimiento durante un instante y luego me incorporé para buscarla; ella estaba muy asustada y no podía articular ni una palabra. Nos abrimos paso entre los escombros y pudimos salir de lo que quedaba del edificio. Afuera, el panorama no era mucho mejor, la tierra continuaba temblando y la tormenta arreciaba, como si odiara a aquella ciudad y a todos sus habitantes. Empezamos a correr hacia el norte de la ciudad, tomados de la mano, trastabillando por la vibración de las calles. En ese momento se oyó un rugido que provenía de los cielos y fuimos cegados por una luz increíble, se trataba de la caída de por lo menos 100 relámpagos al mismo tiempo; era como si lo natural se invirtiera, primero el sonido de 100 truenos y luego la luz de los relámpagos, todo era sobrenatural.

Había mucha gente corriendo de un lado a otro. Tuve un mal presentimiento y llevé a Helen a la entrada de un hotel lujoso que estaba cerca del centro; después de unos segundos, los postes de alumbrado público se precipitaron a la calle y los cables hicieron una especie de trampa mortal. Muchas personas fueron aplastadas por los escombros y otras electrocutadas por los cables de alta tensión; fue un espectáculo macabro. Dirigí mi vista hacia la zona sur de la ciudad y vi, con horror, que una riada enorme subía por las calles como si se tratara de una ola inmensa. Evadimos los cables de alta tensión corriendo casi pegados a la pared y logramos llegar al centro de la ciudad. Pero, la riada era tan rápida que nos alcanzó y nos hizo parte de ella; traté de sostener a Helen a mi lado, la tomé de la mano tan fuerte como pude, pero el agua estaba llena de escombros y fuimos separados. Chocamos contra muchas cosas, ya ni recuerdo contra qué exactamente; acopié toda la fuerza que me quedaba y me concentré en salvar a Helen, intenté nadar, pero la corriente sobrepasaba todo sentido común y me sentía muy desconcertado por ello. Una persona se impulsó en mí para asirse de una cabina telefónica y casi me ahogó, tuve que forcejear un momento para liberarme. No lo entiendo aún, pero pude nadar y llegar hasta ella, la llevé hasta un monumento que se encontraba cerca y la recosté en mi regazo, intenté hacerla reaccionar pero no pude; entonces, la recosté sobre un espacio plano y le di respiración de boca a boca y masajes cardiacos, pero no logré reanimarla. Era todo, no podía hacer nada para salvarla. Lloré desconsoladamente y abracé su cuerpo inerte con mucha fuerza, no dejaba de repetir su nombre y temblaba mucho; a causa de la tragedia y por el frió que me recordaba, a instantes, la realidad. Ya era de noche y los temblores culminaron, la tormenta se dirigió hasta la mitad de la zona norte de la ciudad y luego hacia la otra ciudad que se encontraba unos 300 metros sobre el nivel del mar más arriba que la ciudad donde me encontraba –eran como ciudades siamesas, algo curioso-; se oyeron ruidos estentóreos y muchas sirenas de ambulancia, además de gritos opacados súbitamente. Me dejé caer al lado de mi amada y me quedé con ella toda la noche; creí que moriría por efecto de la hipotermia, pero, sorprendentemente, no fue así.

Fue un sueño que terminó por obsesionarme durante cinco años.

5

La promesa.

Conocí a Helen en la universidad, ella estudiaba en la carrera de Antropología, mientras que yo trataba de no estancarme en los primeros años de la carrera de Comunicación Social. Desde la primera vez que la vi supe que me enamoraría de ella; me acerqué a ella durante una fiesta que organizó su carrera, ni bien empezamos a hablar nos dimos cuenta de nuestra compatibilidad como amigos, nos llevábamos muy bien. No entraré en detalles, prefiero no hablar de mis recuerdos sentimentales, iré al grano, le pedí que fuera mi novia un año después de conocernos y ella me dijo que lo pensaría. Después de esperar durante dos días tortuosos, finalmente aceptó mi propuesta y empezamos una etapa maravillosa.

En nuestro primer aniversario le hice una promesa: “…nunca te dejaré sola, estaré a tu lado en los momentos buenos y difíciles, hasta que la muerte nos separe”. Lo recuerdo como si fuera ayer, porque se ha repetido como un eco durante los últimos cinco años. Junto con el sueño, se repite imparablemente hasta obsesionarme.

Al segundo año de noviazgo, las cosas empezaron a cambiar entre nosotros; sobre todo porque según ella yo me estaba convirtiendo en una persona obsesiva y muy distraída, además de aislada. En esa época no le di la razón, ahora si; las discusiones no se dejaron esperar y siempre era lo mismo: yo y mis excentricidades. A pesar de ello la relación sobrevivió; lo que la deterioró y terminó por acabarla fue el hecho de que Helen dejó de amarme, ya saben cómo es eso, a uno lo dejan muy confundido porque le dicen que lo quieren pero no a un nivel mayor, que es imprescindible para conformar una relación de verdad, según la personas que dice ya no querer como antes. Y luego, te dan a elegir entre ser amigos y ya no verse definitivamente, porque posiblemente sea lo mejor para ambos. Bueno, en resumen, fue lo que ella me dijo y terminó conmigo. Elegí la segunda opción y estuve durante un año, encerrado en mi habitación, casi sin comer y durmiendo por horas. Solo salía para pagar la renta al casero.

Bueno, creo que cumplí con esa promesa.

6

Aparté la vista del agua que corría en sentido contrario de lo natural y continué mi carrera. Sabía que no contaba con mucho tiempo. Luego, todo mi sueño se cumplió al pie de la letra. Mucha gente murió, sin embargo no me importa, al fin y al cabo no los conocía; lo que me afectó fue la muerte de Helen. Cuando estuve a su lado, las miles de casas edificadas en las laderas de la ciudad nos observaban como espectadores silenciosos que se limitaban a compadecerse de mi desgracia, en fin, de la desgracia de tanta gente.



7

Transcurrieron dos días desde la tragedia. Tengo los párpados abotagados porque no he dormido lo suficiente. Mi cuerpo está quebrantado y mis esperanzas casi agotadas; pero aún me mantengo en pie, sé que lo lograré, llegaré hasta tocar el agua de las orillas del enorme lago que está situado a unos 100 Km. de la ciudad, aproximadamente. A Helen le encantaban los atardeceres a orillas del gran lago. Aunque estoy a unos minutos de dicho lugar y desciendo lentamente por una de las montañas que lo rodea, me da la impresión de lejanía, aún cuando aprecio los reflejos de la luz del sol en todo el horizonte cubierto por el agua y empiezo a oír el sonido producido por las pequeñas olas moviéndose a disposición del viento de la tarde. No comprendo aún la razón que me llevó a este corto viaje a pie; pero me entra una sensación de duda al respecto, quizá porque realmente sé muy bien el motivo de mi caminata; por ahora prefiero no pensar en aquello.

Me viene a la mente, constantemente, una frase de Agatha Christie, escrita en su relato “Cianuro Espumoso”: “¿qué haré para borrar su recuerdo de mis ojos?”, se repite como el sonido que emite un metrónomo, es imparable. Vuelve, no me deja tranquilo; la siento, la escucho, la veo, creo olvidarla pero se aferra a mi mente, a mi cuerpo. No se trata solo de la frase, ella no viene sola, está acompañada por la imagen de Helen, la última vez que la sostuve en mis brazos. En realidad, nadie puede olvidar en dos días; aunque tal vez no sean solo los últimos días los que debieran entrar en mi conteo mental, probablemente debería preguntarme por los últimos cinco años, tendría que hacerlo –pero no lo hago- porque no es suficiente con atisbar a una puerta ligeramente abierta para ver lo que hay adentro, es mejor dar un portazo, aún cuando esa acción nos lleve o a la muerte o a la locura.

Sé que en unos diez minutos veré el gran lago desde las faldas de la montaña, -que es una imagen muy distinta a la que veo por el momento- regadas de rocas deformadas por el pasar del tiempo, guijarros y sembrada de paja y arbustos típicos del altiplano. Sé que el agua en movimiento irradiará en mis ojos las líneas que dibuja el brillo del sol y eso me producirá un ligero calor y me conducirá, inevitablemente, a derramar unas lágrimas por ella. Sé que la hermosura del lago más alto del mundo bastará para acabar con las pocas fuerzas que me quedan (a causa del hambre y la sed, y sobre todo, a causa de mi tristeza). Sé que un atardecer frente a aquella hermosa inmensidad acuosa podría ser lo último que admire mi mente, a través de mis ojos. Tal vez, me dejaré caer hacia el abismo frente a mí, antes de llegar a la mitad del descenso, y con mis últimas fuerzas tocaré el gélido líquido, sublime líquido que ya no es parte de los espectáculos que brinda la naturaleza en mi mente; tal vez no lo haga.

Dejé atrás dos ciudades hechas añicos por causa de la naturaleza. No me volví ni siquiera para despedirme de mi vida –ni de Helen-; solo caminé hacia este lugar, hacia este majestuoso lago. Sin embargo, oigo una voz que me dice que me calme, que trate de resolver esa pregunta que me hice –gracias a Agatha Christie, o, quizá no-: ¿cómo podré borrar su recuerdo de mis ojos? La voz no me deja en paz, es mi propia voz, sólo que se oye muy fría, muy inhumana; me dice: - ¡Hey!, ¿cómo vas a olvidarla es realmente la pregunta clave?, ¿por qué mejor no te preguntas cuánto tiempo pensaste en cómo olvidarla?, ¿por qué no te preguntas qué hiciste para olvidarla?, ¿por qué no te preguntas por la relación que hay entre los últimos cinco años y lo que ocurrió hace dos días?, ¿por qué no te preguntas desde hace cuánto tiempo te preguntaste cómo borrar su recuerdo de tus ojos; acaso piensas que la primera vez que te lo hiciste fue hace dos días?; será mejor que respondas ahora, sincérate, ¡dilo!, acepta tu realidad, acéptate a ti mismo, acepta que tu inconsciente es el reflejo de tu mente; vamos, no vas a creer que tú no podrías resolver esa pregunta tan sencilla, a esa realidad que te estaba destruyendo diariamente, a esa situación no deseada. Sabía que podrías hacerlo, tú lo sabías también, al fin y al cabo somos uno, soy parte de ti, solo soy una voz que tu propia mente creó para recordarte tu realidad y, por supuesto, parte de tu pasado. Tú me creaste, no pensarás que soy un espíritu o algo así; tú me diseñaste para hablar contigo hoy; lo hiciste hace cinco años, ¿lo recuerdas?; me permitiste vivir este día y me desaparecerás para el día de mañana, así lo pensaste durante cinco años. Tu vida cambió porque tú quisiste que cambiara, nadie intervino en ello, nadie puede modificar tu mente, sólo tú. No permitiré que hagas una locura, no sin antes recordar, para eso me llamaste. Ahora, responde a la pregunta, vamos no me dirás que no sabes nada al respecto - .

- ¿Dddee… qué estás hablando? Yo no…
- Vamos, recuerda, ¡EL SUEÑO!, ¿crees en la repetición casual? Y qué me dices de LA PROMESA, ¿acaso no la cumpliste, aunque influiste en ella?
- Pero….yo…
- ¡Basta!, solo tu puedes hacerlo, siempre supiste que lo harías, que lo resolverías; nunca necesitaste de nadie para llegar a una solución tan importante y seria. Se trataba de tu vida. Tú elegiste llevar esta situación al extremo…

Ahora lo recuerdo, –por supuesto- el sueño…mi mente lo reprodujo durante los últimos cinco años; no fue un aviso, no soy un “profeta”, pero soy el hacedor de mi realidad. Y la promesa…claro que la cumplí, yo la determiné, acabé con ese compromiso verbal y mental. Si no cumplía con mi promesa el sueño no acabaría, el sueño no sería realidad, no resolvería la pregunta: “¿qué haré para borrar su recuerdo de mis ojos?”¡Ja, ja, ja, ja, ja!. Bueno, ¿Acaso no habéis leído en la Biblia: “…si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible…”?; y ¿si en lugar de montes hablamos de agua… de lluvia, de riadas a la inversa, de temblores? No soy religioso, pero creo que esa idea no se trata solo de creer y tener fe en Dios, dice mucho más, estoy seguro de que se refiere a lo que asumimos como lo que somos y lo que sentimos. Se trata de la capacidad de nosotros mismos, de nuestra mente, todo lo que podemos realizar, sea bueno o malo para nuestras vidas, la capacidad que solo se consigue en un nivel por demás desconocido por la mayoría de la gente. Ahora lo comprendo, sé que vine a este lugar para acabar de olvidar , para echar al agua todo recuerdo que cubre mis ojos; así como la lluvia cubría como un manto la parte sur de la ciudad donde vivía ella y no me permitía ver hacia adelante, el recuerdo no me dejaría ver el resto de mis días. Oigan, sé que parece una locura; pero ¿quién puede asegurar que yo no estoy loco?, ja, ja, ja, ja, ja…

Creo que lo que me queda por hacer, después de esta bella y triste tarde, es esperar a que llueva de nuevo. Las tormentas son maravillosas pero pasajeras; lo único que nos queda por hacer es esperar, con paciencia, a que el cielo se cubra de nuevo con ese azul grisáceo y empezar a vivir nuevamente, y olvidar…saber cómo olvidar cada lluvia. No he perdido el gusto por las lluvias, a pesar de todo, son parte de mí y yo soy parte de ellas. Me proveerán de las fuerzas necesarias.

Sé que en algún tiempo mis lágrimas serán sustituidas por cada gota fría que se deslice por mi rostro durante un día de lluvia o tormenta y, todo cuanto significa ella habrá desaparecido de mi mente; sé que su muerte será arrojada al olvido en ese abismo de mi mente que la espera con impaciencia. Y, cuando eso suceda, conoceré a otras personas; pero, los sueños regresarán y se cumplirán las promesas. Entonces, me preguntaré nuevamente: cómo olvidar.


Oswaldo Adolfo Condemaita Lázaro. El Alto, febrero de 2006.
Este relato pertenece a la Antología: “Anoche Soñé”.

Saturday, March 11, 2006

ENTRE UN SUEÑO Y UNA PROMESA
O.A.C.L.
A Helen.
Hace algún tiempo entró en mi mente,
y decidió quedarse.

1
Todo empezaba a cambiar. Levanté la vista y la imagen se repitió nuevamente: el cielo parecía dividido en dos partes, una –sobre mí- bañada de un azul grisáceo, con notas de anaranjado y ámbar, que se difuminaba con cada segundo que transcurría, la otra, ennegrecida por la gigantesca sombra que salía del conjunto de nubes cargadas de lluvia. El punto de división era abrupto y demarcaba la frontera entre una puesta de sol común –aunque algo nublada- y un final de día con tormenta; entre lo que todos diferenciamos de “maravilloso” y “desastroso”, entre lo que amamos y odiamos, entre lo que quisiéramos que nos pasara y lo que no le deseamos ni a nuestro peor enemigo, entre el bien y el mal, entre la razón y la locura, entre lo que vivimos y lo que viviremos, entre lo real y lo irreal, entre ella y yo. Era la tormenta más grande de mi mente -y de mi vida- que se avecinaba; no estaba seguro de poder afrontar ese hecho, pero debía hacerlo, no tenía alternativa, no podía permitir que se cumpliera una tragedia eterna, un presagio atroz. No. Nunca me lo perdonaría; nadie puede imaginarse tal ansiedad, hasta que se encuentra justo en ese momento…ese momento. Y –lamentablemente para mí- yo me encontraba en ese momento. Es difícil de explicarlo, solo me remitiré a decir que es una sensación que recorre cada músculo, cada nervio, cada rincón del cuerpo y de la mente y termina destruyendo a cualquier persona.

Esta imagen, que se repitió en mi mente y en mis sueños durante los últimos cinco años; ahora se tornaba en un hecho, en la realidad –en “mi” realidad- y ya no era parte de mi imaginación, o de lo que hubiese concluido después de una reflexión interminable en la soledad de mis pensamientos. Estaba frente a una especie de destino insospechado por mi cerebro. A pesar de todo contuve el poco aire que recibían mis pulmones a causa del shock e hice un gran esfuerzo para no caer de espaldas sobre el pavimento y desnucarme. Retrocedí unos pasos y aspiré una gran bocanada de aire, ese aire semi-helado que solo se puede respirar en una ciudad del altiplano sudamericano; y giré sobre mis pies para observar a mi alrededor. Me encontraba en el centro de la ciudad, al lado de un pequeño obelisco – pequeño, comparado con el de Buenos Aires o el de Washington d.c.-, desde mi posición se podía ver hasta 5 calles más adelante y luego, el paisaje desaparecía, como si toda construcción estuviese bajando unos escalones muy lentamente, al punto de que, en algunos casos, solo se atisbaban las azoteas de los edificios.

Decidí que debía de avanzar con rapidez –sabía que no contaba con mucho tiempo antes de que ocurriera…- así que comencé a mover las piernas, primero lentamente y luego desesperadamente, recorriendo las calles de la ciudad. Había mucha gente a mi alrededor, pero no me advertían a causa de su concentración en lo que sucedía más allá, donde acababa el horizonte de cualquier mirada. Mi carrera fue dificultosa, sobre todo por la cantidad de personas que cruzaban la avenida de un extremo a otro; mientras pensaba en lo que ocurría más adelante, una señora y su hija se pusieron delante mío y, a la velocidad que iba, tuve que desviar hacia la izquierda, casi subiendo a la acera. Allí estaba aparcado un pequeño camión; no me importó, un metro antes de toparme con él levanté la pierna derecha y salté tan alto como pude, pisé la puerta lateral, pisé con el pie izquierdo, luego con el derecho, como si caminara sobre el suelo, y luego, después de girar como un trompo, me encontré en el techo del camión, enseguida brinqué hacia el pavimento de la avenida y continué con mi carrera. Esos movimientos me sorprendieron de sobremanera, porque yo no era exactamente un atleta que participa en las olimpiadas cada cuatro años; más al contrario, apenas si practicaba algún deporte ocasionalmente. No podía correr sobre la acera porque la mayor parte de árboles estaban caídos y obstruían el paso. La vista del horizonte era casi total, por la falta de árboles.

Estaba cerca del centro de atención de la gente, aproximadamente a una calle, y me detuve para descansar un instante. Miré nuevamente el firmamento y advertí que la parte más oscura –la de la lluvia- estaba casi sobre mí, incluso sentí el cosquilleo de un par de gotas sobre mis mejillas, seguidas de la brisa gélida que antecede a una gran tormenta. Centré la mirada hacia delante, hacia la otra mitad de la ciudad que se encuentra construida sobre una serie de pendientes, que en la mayoría de los casos son las faldas de los cerros circundantes. Todo ese conglomerado de edificios y viviendas permanecía cubierto por un velo de lluvia intensa que se erguía como una cortina casi transparente que solo permitía ver las formas de las construcciones. Cada instante, esa imagen era iluminada con el resplandor de los relámpagos, que eran seguidos de unos retumbantes truenos que hacían vibrar la piel y que, si uno los escuchaba con atención, parecían los rugidos de seres que buscaban cumplir con una misión trágica, una misión mortal; era un presagio de que pronto ocurriría un desastre sin antecedentes. Lo malo de todo aquello era que solo yo lo sabía, nadie más; nadie puede soñar lo mismo que otra persona –o…eso creo-. Es más, tratar de explicarle a otra persona lo que uno sintió durante un sueño –por más que éste sea reciente- es una tarea por demás difícil, sino imposible. Lo sé, porque muchas veces intenté explicárselo a ella, no la culpo, ¿quién podría haber creído todo lo que salía de mi boca durante esos días? Es muy difícil creer que todo lo que conoces, amas, e incluso lo que odias, pueda transformarse en otra cosa solo porque alguien a quien conoces lo haya soñado y te lo cuente; aunque lo haga durante mucho tiempo, al punto de que te exaspere tal repetición, y según esa persona –“Es el mismo sueño, cada noche, todo se repite; ya me sé de memoria todos los detalles de la imagen urbana bajo el ropaje del clima…”

Observé la avenida, dividida por un paseo peatonal, la gente continuaba cruzándola como si fuese un río, todos estaban agitados y se notaba en sus rostros la preocupación. En cada intersección de calles había un semáforo con todas las luces encendidas; todo se veía en perspectiva a causa del declive de la avenida, los semáforos que se encontraban más cercanos se posicionaban más arriba que los de atrás; así como peldaños. Los postes de energía eléctrica y alumbrado público estaban unidos por un centenar de cables enmarañados y peligrosamente ubicados sobre las aceras y no era a causa de la tormenta venidera, sino una mala planificación urbana; siempre estuvieron así y ninguna autoridad hizo nada al respecto. En ese momento se me ocurrió una idea algo perversa: ¿qué ocurriría si se produjera un temblor de por lo menos 5 grados en la escala de Richter?, creo que cada poste se desvanecería y sus cables de alta tensión cubrirían el suelo, convirtiéndolo en un lugar muy peligroso; las calles se tornarían en una especie de asador gigantesco que cocinaría a todas las personas que estuviesen allí; lo imaginé con una precisión diabólica. Pero, en esa ciudad los temblores eran prácticamente desconocidos para la población; aunque hubo uno hace unos 10 años, pero que casi no se sintió, más que en los edificios.

Miré hacia el cielo y éste había sufrido algunos cambios. La mitad de la parte norte se tornaba en un anaranjado casi rojo al terminar el horizonte; aunque más cerca todavía conservaba una franja de azul bañada de los rayos del ocaso. La mitad sur se había tornado de un azul precioso con fuertes notas grises que indicaban que la lluvia caía fuertemente en la mitad de la ciudad y que la tormenta estaba a tan solo unos minutos del lugar donde me encontraba.



2

Después de admirar el paisaje, me dirigí rápidamente hacia mi destino. Cuando llegué, el día prácticamente se había terminado y la noche hacía su entrada, convirtiendo a las sombras en un solo bloque denso que cubriría todo espacio no iluminado. Pero aún permanecían los resquicios de la luz solar, a pesar del cielo parcialmente nublado y de la tormenta que avanzaba lentamente para llenar todo el firmamento. Era como un atardecer interminable, una puesta de sol tan lenta que parecía que el tiempo se detuviese en lugar de avanzar. Y yo sabía lo que vendría; nadie más, solo yo; no era precisamente la salvación del mundo, simplemente había regresado por ella, para advertirle del desastre, para echarle en cara que no estaba loco, que todo lo que le había dicho tiempo atrás era verdadero, que no había inventado nada, que, por alguna razón inexplicable, ese sueño de los últimos cinco años me había elegido a mí; quería decirle que cumpliría con una promesa que ella no comprendería jamás, quería decirle…

El aire empezaba a llenarse de gotas de agua y el viento soplaba con una fuerza nunca antes vista por los habitantes de esa ciudad. Era igual que en mis sueños, solo que ahora nada ni nadie podría despertarme, porque esto estaba sucediendo; ya no eran sensaciones misteriosas sino verdaderas, reales, tan reales como los rayos del sol y como el aire que respiramos a diario. Sin embargo, todo cambiaría en cuestión de minutos, todo acabaría siendo como debía ser…como lo vi por primera vez hace cinco años. Sabía exactamente qué es lo que iba a suceder, pero no quería pensar en ello.

Continué mi marcha y por fin llegué al óbice de mi camino. Había mucha gente alrededor de la avenida principal que había estado recorriendo, formando un anillo humano; en el centro del mismo un autobús estaba volteado y con todos los cristales hechos añicos y regados a su alrededor, sobre un inmenso charco de sangre oscura a causa del pavimento y del agua que empezaba a cubrirlo. Las sirenas de un ambulancia y de un vehículo de la policía acallaban el murmullo producido por las decenas de voces que gritaban y conversaban. Solo algunos se aventuraban a ayudar a los posibles sobrevivientes; la mayoría solo se quedaba expectante. Las tiendas y centros comerciales se cerraban y dejaban un ambiente desolado en una avenida tan concurrida como esa. A unos pasos del accidente había un especie de distribuidor vehicular que servía para dirigirse a cualquier punto de la ciudad y los pocos automóviles que lo transitaban empezaron a detenerse para ver la escena del accidente. Por alguna razón todos habían centrado su atención en la imagen que se mostraba frente a ellos y no habían advertido un suceso insólito.

Probablemente tampoco lo habría advertido, de no ser porque soñé con ese día durante cinco malditos años. El hecho es que el agua que empezaba a correr al borde de las vías de circulación vehicular de la avenida provenían de la parte sur de la ciudad, es decir, en lugar de que el agua bajara, como lo hace siempre, de norte a sur, corría en sentido contrario, subía en lugar de bajar. Era algo sorprendente, era como ver una catarata a la inversa, era ilógico; no puede suceder algo así, por lo menos no en la realidad. Pero…estaba sucediendo.

En ese momento pensé en voz alta y pronuncié una frase algo gastada en mi lenguaje. Dije: “Helen, mi bella flor”. Era una frase que había repetido tanto que salía de mi boca como lo más natural del mundo; el problema era que no lo hacía desde hace un año. No es que no pensara en ella, sencillamente era necesario quitar de mi mente ideas que me conducían a estados semiconscientes y de depresión. Es difícil tratar de borrar de la mente a alguien que te produce estremecimiento con el solo hecho de recordar. Pero, me dije, ¿acaso ella puede escucharme?, quizá en algún rincón de su inconsciente, me contesté; porque la fuerza con la que pienso en su presencia es verdaderamente increíble. A veces me da miedo.
continuará...

Tuesday, January 24, 2006

EVO PRESIDENTE:
EL CLAMOR DE UN PUEBLO HECHO REALIDAD
Los días 21 y 22 de enero de este año (2006) se realizaron, en Tiwanacu y La Paz, las celebraciones más grandes de América. Y es que uno de sus hijos, un Indio aymara, accedió a la presidencia de un país: Bolivia. Este logro no solo representa la algarabía y celebración de bolivianos y bolivianas sino que traspasa las fronteras establecidas por el cholaje americano (centro, sur y norte) y contagia de júbilo a todo originario –históricamente hablando-; por ello, en Tiwanacu, podíamos ver muestras de afecto y alegría desde los Mapuches (Chile), hasta los pueblos indios de Norteamérica.

Evo Presidente, como decían muchas personas durante esos días, fue un sentimiento de unidad, así como un sentimiento de esperanza; no sólo porque Evo Morales representa a la mayoría poblacional de América, sino porque se pudo ver, en Bolivia, que los pueblos, mal llamados prehispánicos, utilizan todas las instancias posibles para obtener el poder político y económico, a pesar de los bloqueos e interdicciones que surgen del cholaje y de algunas empresas transnacionales.

Seguramente, esos días, personas como George Busch, Vicente Fox, Alejandro Toledo, Jorge Quiroga, María R. Duchén, Casimira Lema, Gonzalo Sanchez de Losada, Cayetano Llobet, María Celeste (de “Al Rojo Vivo”), y muchos otros racistas de América y el mundo, como los de la cadena radial COPE de España, se retorcían de rabia al ver cómo toda América, no solo Bolivia, celebraban y vitoreaban el triunfo de Evo Morales; triunfo que conlleva un significado trascendental en este continente.

Evo Presidente, es más que la falacia de: “La fiesta democrática” o “La victoria de la democracia”; Evo Presidente es el principio del derrumbamiento de este sistema político y del sistema económico capitalista; aunque obviamente no es una guerra frontal a este sistema político-económico (democracia y capitalismo). Pero, los Indios de América estamos gozosos de que uno de los nuestros sea presidente, porque ello significa el inicio del fin del racismo deliberado y sinvergüenza del cholaje americano.

Ojala y el nuevo ministro de educación, Félix Patzi, -que por cierto es un pensador brillante e intelectual- acceda al presidente Morales y le muestre la propuesta del SISTEMA COMUNAL, como alternativa del sistema liberal. Es una oportunidad única en la historia y Patzi es importante en este sentido, porque podría hacerle conocer a Morales el sistema comunal.

Evo Presidente, es también algarabía, regocijo, fiesta y bendición para todos los indios pensadores; que aunque no estemos muy de acuerdo con algunas políticas del MAS (Movimiento Al Socialismo), apoyaremos, desde el pensamiento y desde todos los medios a su gobierno; no solo porque él sea indio, sino porque es tiempo de apostar o por negro o por blanco, por lo menos en política.

Los Indios de América celebramos este triunfo; aymaras, quechuas (mayoría poblacional), Sirionós, Yuracarés, Mapuches, Mayas, Chipayas, Guaraníes, Moxeños, Javieranos, Ese Eija, Guarayos, etc. Todos juntos tenemos la tarea de demostrarle al cholaje americano nuestra capacidad y nuestra forma de hacer las cosas.

¡Evo Presidente!